La Suprema Corte de Justicia tendrá en lo adelante, en su máxima dirección, un magistrado de origen humilde que ha recorrido paso a paso el arduo camino de la cima, desde su natal comunidad El Cercado, en San Juan. Así lo decidió hoy el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), al designar por unanimidad a Justiniano Montero Montero como nuevo presidente del alto tribunal.

Nacido en una de las zonas rurales y económicamente más vulnerables de la región sur, el nuevo presidente del Poder Judicial dominicano careció de padrinos políticos o apellidos de la alta sociedad. Su ascenso representa un hito histórico de superación, enviando un poderoso mensaje de inspiración basado estrictamente en el mérito propio.

Su formación profesional comenzó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución donde se graduó de la carrera de Derecho en 1989 y sirvió inicialmente como ayudante de profesor. Posteriormente ingresó formalmente al tren judicial desde el peldaño más bajo de la estructura, al asumir como juez de paz en 1998.

Durante sus inicios en los tribunales se caracterizó por mantener una estrecha cercanía con los ciudadanos de escasos recursos. Su mística de servicio y estricta pulcritud institucional eran tan marcadas en su día a día que, de manera voluntaria, rehusaba cobrar los viáticos asignados para sus traslados.

Tras más de dos décadas de impecable carrera, Montero escaló meritocráticamente por los diferentes estamentos hasta llegar a juez de corte. En sus funciones previas demostró una honestidad inquebrantable al administrar con absoluta transparencia presupuestos institucionales que ascendían a miles de millones de pesos.

Tomó préstamos para escuela de sus hijos

A pesar de las altas responsabilidades que manejó en el sistema judicial, el magistrado mantuvo siempre un estilo de vida modesto y austero. Ante el CNM reveló con naturalidad que, al percibir solo su salario base de juez, debió recurrir a préstamos bancarios ordinarios para pagar la escuela de sus hijos.

Con esta designación, el máximo tribunal del país inicia una etapa de renovación encabezada por un jurista de carrera. Su impecable hoja de vida y su sólida trayectoria académica en el extranjero avalan un nombramiento que ha sido ampliamente celebrado por los diversos sectores de su comunidad natal.

Disciplina y persistencia

Su rostro refleja de manera evidente la disciplina de quien venció la adversidad madrugando diariamente, mucho antes de que el sol acariciara los campos de su natal San Juan. En su mirada serena se denota el peso acumulado de las largas jornadas de desvelo y el rigor de la persistencia diaria.

Las líneas profundamente marcadas en su frente no solo hablan de estudio constante, sino del vigor del hombre forjado bajo el sacrificio y la perseverancia. Cada rasgo de su semblante testimonia el camino de un ciudadano que construyó su propio destino a base de una determinación inquebrantable.

La firmeza de sus manos y los rasgos curtidos de su tez dibujan el fruto del trabajo genuino y la constante resistencia corporal frente a las dificultades. Estos detalles físicos revelan una fortaleza y una nobleza que la labor meramente intelectual nunca logra plasmar de esa forma en la piel.

En cada surco de su piel se lee con claridad la historia viva del esfuerzo humano, donde el desgaste físico celebra la victoria definitiva del espíritu. Su estampa es el reflejo exacto del hombre que labró su historia con la dignidad del obrero y la agudeza del jurista.